lunes, 4 de agosto de 2008

El sueño y la pesadilla

Era tarde, la soledad de su alcoba y la oscuridad de la noche invitaban al miedo, pero el Marqués, siempre fue un hombre valiente, su vida fue intensa, siempre amenazada por aquellos a los que de alguna forma batió en duelo, sin florete, tan sólo usando su más temida arma, ¡implacable!: la palabra.

Ese día despertó muy temprano, cuando apenas el gallo se deshacía en cacareos con la afanosa tarea de su legado, despertar al alba, empeño que nunca realizó su cometido. Le esperaba al marqués, su séquito ensillando su caballo, y dispuesto para obedecer sus ordenes, al igual que sus perros de caza que ladraban moviendo el rabo, felices por arañar algo de las piezas conseguidas en la batida.

Fue una jornada diferente, los jabalíes y los ciervos parecían asomarse a la muerte, se mostraban indolentes ante el marqués, y este sin compasión les daba muerte, nada saciaba su hambre de trofeos, volvió a palacio orgulloso y cargado de piezas, su cohorte andando sin aliento, portaban los cadáveres de los animales, aún calientes.

Le venció el sueño, poco a poco el nirvana se apoderó de su mente y ocurrió lo inesperado, por primera vez en su vida, se sintió plácido, sin conciencia de su destino, ni su pasado, amó en su sueño y se despojo de su poder y su riqueza, se sintió animal y otra vez hombre, fue mujer y plebeyo, amigo y poeta.

A la mañana siguiente... Su peor pesadilla, no recordaba, absolutamente nada de lo soñado.

1 comentario:

José Ramón Vázquez dijo...

Fantastico, impresionante, magnifico. Me quedo sin adjetivos, por favor publique algo, necesitamos un libro suyo. ¡ya!