lunes 11 de enero de 2010

Un lugar gris de crueldad


Viven a oscuras generando dolor a su paso, utilizan su cerebro para generar maldad reconcomidos por la lluvia negra de su envidia. Son crueles y disfrutan de ello. Malnacidos y pedigüeños de respeto buscan un lugar notorio en la sociedad a codazos, lamiendo si es preciso los traseros del poder y de aquellos que escasean de masa gris, tesoro bien preciado en estos tiempos de hambruna intelectual.

Moriran temblando y sólos, arruinados de alma y espiritu, despojados de nada y vacios de todo.

Aún viven, pero Q.E.P.D.

martes 19 de mayo de 2009

Nos vemos en sus versos, hasta pronto maestro.

Mario Benedetti (pintores con letra grande)
Emilio Fornieles


No mueren aquellos que dejaron mucho más que su alma en este planeta, su arte los hace eternos, inmortales entes que acuden al encuentro de aquellos que necesitamos algo más que aire para sentirnos vivos, para respirar.

Se marchó Benedetti, la muerte de su amada le robó los últimos soplos de su vida, amó y defendió la alegría con barricadas, por eso hoy siento su muerte.

Nos vemos en sus versos querido maestro. Hasta pronto.

lunes 29 de diciembre de 2008

OMAR, MI VIEJO AMIGO


OMAR KHAYYAM

Persia 1040-1121

Nació en Nichapur, Persia, hacia el año 1040 de la era cristiana, y vivió cerca de ochenta años.
Libertino, sibarita, ácido, místico y profeta, estudió Matemáticas y Astronomía, reformó el calendario musulmán, cultivó el Derecho y las Ciencias Naturales, pero todo le resultó insuficiente a la hora de resolver el misterio del Universo, las pasiones humanas y la existencia misma.
Se destacó en el plano de las letras por sus famosas «Rubaiyat», que constituyen una alabanza al brindis, una enorme plegaria fragmentada en estrofas que remiten a la celebración del vino y del goce del instante frente a la finitud de la vida.

II. EL MÁS FUERTE

He visto un hombre que al huir del mundo
halló su paz en tierra desolada:
no fué un hereje ni un muzlim profundo,
no tuvo bienes ni creencia en nada,
ni en verdades, ni en dudas, ni en la muerte.

¿Quién en el mundo pudo ser más fuerte?

* * *

III. MI INTERROGANTE

¡Oh, pobrecita alma mía!
Si el llorar y el disolverte
hasta la sangre y la muerte
es tu condena sombría;
si el alba de cada día
te trae un nuevo tormento,
dime, alma, tu pensamiento:
¿Qué has venido a hacer aquí,
si no has de vivir en mí
más que el lapso de un momento?

* * *

IV. MIS DOS SECRETOS

¿Cómo queréis que los secretos míos
con la misma confianza los revele
a justos y a malvados y no vele
por la intangible unción de mi ideal?

Yo no puedo a ignorantes y a impíos
explayar gérmenes de pensamientos
donde duermen terribles argumentos,
que el gran misterio pueden develar...

Sé de un sitio en el cielo indescriptible:
Y un secreto que dar me es imposible.

* * *

V. NO HAY ALMA QUE NO LLORE POR TU AUSENCIA

No hay alma que no llore por tu ausencia,
hasta fundirse en lágrimas de sangre;
no hay ser vidente que al mirar tus gracias
preso de sus hechizos no se encante.

Y al ver que tú por nadie te interesas,
todos cautivos a tus plantas caen.

* * *

VI. NADA

Has recorrido el mundo palmo a palmo
y todo aquello que en el mundo viste,
es nada, nada;

Has sentido pasar como un ensalmo
músicas y palabras: cuanto oíste,
es nada, nada;

Al Universo todo lo has medido,
y el Universo en su infinita anchura
es nada, nada;

Por fin en el rincón te has escondido
de tu alcoba, y ¿ qué vio tu desventura?
¡Nada, nada, nada!






lunes 8 de diciembre de 2008

EL POETA Y EL MUNDO


En el silencio de su alcoba, confundido y algo angustiado con el tiempo que le ha tocado vivir, reflexionaba el poeta sobre su existencia sumida en el entorno "iconoclasta" de una sociedad vacía y sin escrúpulos.

"Me sigo preguntando si soy de este mundo, si de verdad merezco la vida, si toda la ignorancia y la envidía que me rodea sirve para hacerme crecer o para hundirme en mis propias miserias. Huyo desde siempre de la vulgaridad y la estupidez, de la arrogancia y la pedantería, pero hoy pienso que quizás esta huida me convierta en aquello que desprecio.

Hablan de mí como si fuera un triste personaje de su novela, como si vivir de manera diferente fuera objeto de burla. Hablan de mi poesía para sentirse grandes, poderosos, sin tener ni las más puñetera idea de dónde nace, a quién está dirigida y, sobretodo, si su significado me duele o, por el contrario, me excita.
Me sigo preguntado por qué hacen suyos mis éxitos, por qué firman con su nombre mi arte, por qué discuten conmigo, con un pobre poeta que se desliza por esta jungla de asfalto débilmente y pidiendo algo de comprensión y respeto.

¡Jamás!, óiganme bien, léanme bien, jamás entregaré uno sólo de mis versos, una sola nota de mi música, una sola imagen de mis retinas, un solo quebranto de mi garganta rapsoda y dolida, a quien desmitifique el arte, a quien ignore que su espejismo es tan real como la vida; que no es herramienta para la vanidad y la necedad humana, que no puede ser utilizado para el glamour putrefacto de nuevos ricos que no son más que seguidores insomnes de basura y más basura. ¡Jamás!

No sé lo que soy, pero sí lo que no soy. Por eso no me vendo al mejor postor, ni me doy por vencido por una la limosna que cae de la mano del traidor, del embustero.

Mis versos son para el que ame apasionadamente con la fidelidad de un nuevo día, con la lealtad de una sonrisa entregada, desprendida. Mi música para todo aquel que descubra en su interior que puede ser feliz, sin más, sin ningún motivo aparente; para quien sepa reconocer en el otro el talento, la magia, la belleza, el don de la vida. Mis retinas para captar desde mi cámara los paisajes inventados por un alma limpia, pura. Mi garganta para ti, madre, sólo para ti.

Hoy más que nunca creo que no soy de este mundo, gracias a Dios".

Amén.

LOS LIBROS Y LA ESPERANZA


Todo estaba apunto de acabar en la tierra de la desesperanza. Los más poderosos habían acumulado demasiada riqueza y gobernaban el mundo, todo se regía por una única ideología: La del dinero.

Hace mucho que todas las librerías del país se habían convertido en sucursales bancarias, los poetas en banqueros y las musas no eran más que divisas depreciadas. Nadie dudaba de la importancia que suponía mantener un nivel de vida acorde a una sociedad de bienestar y consumo, la cultura como elemento secundario serviría para saciar los caprichos de aquellos que quisieran, muy de vez en cuando, recordar los atisbos sentimentales que florecían inconvenientemente.

Los escritores que se consideraron malditos en otras épocas volvían a serlo, quedaron prohibidos los versos que animaran al llanto, demasiada fragilidad para quien pretende competir por su futuro. La música fue reducida a las sintonías de las cuñas de radio y de algún que otro Spot de Televisión vendiendo productos que nadie necesitaba pero que daban imagen y embellecían aún más los cuerpos esculpidos por la cirugía y la silicona.

Ni una sola emoción, ni un sólo resquicio de entusiasmo para la lírica sensual y romántica, las paredes contenían pantallas de plasma con proyecciones de mítines de líderes políticos, desaparecieron las galerías de arte, los pintores se transformaron hoy en diseñadores de armamento.

Pero un día cualquiera, en una pequeña ciudad de quien sabe donde, tras dinamitar unas montañas para una nueva autopista, bajo las piedras, encontraron cientos, miles de libros que misteriosamente sobrevivieron al holocausto empresarial y político. Los poetas abandonaron los bancos, los escritores volvieron de su destierro, los pintores abandonaron las armas, los músicos sucumbieron a la armonía y entre libros y más libros, recuperaron la esperanza, renacieron a la vida y fueron al final simples seres humanos, con toda la grandeza que esto significa.

De nuevo los libros, como siempre, trajeron la esperanza al mundo.

RESUCITO Y MUERO



“-Olvida todo lo que has visto hasta ahora, aquello que te han contado desde niño. Te haré ver la luz, pero tienes que seguirme e ir cerrando las puertas a tu paso. Nadie debe conocer el destino de nuestro viaje.”

Claudiqué. Era demasiado esperanzador el mensaje como para rechazar la oferta. Fui al vestidor de la antigua alcoba y descolgué del galán la chaqueta roída de mi abuelo Rafael, me anudé al cuello la bufanda y comencé a caminar firmemente tras la cautivadora voz que me arrastraba a quién sabe dónde.
Nevaba. La gente encogía sus hombros como si con este gesto la nieve dejará de mojarles. Mis pasos eran lentos, pero mi alma quería salirse de esta cáscara con la que nacemos los mortales. Seguí adelante, sin miedo, aunque con la lógica sensación de que algo diferente iba a pasar en mi vida.

Entramos la voz y yo en un caserón muy viejo con las puertas carcomidas, las paredes cubiertas de humedad y de huellas del pasado, y marcos de cedro que ocultaban caras descoloridas por el tiempo y la soledad. La voz me dijo:

“-Bueno amigo, ¿dónde quieres morir?
-¿Morir? -dije temblando de escalofríos.
-Exacto.
-No quiero morir, me gusta la vida. Necesito seguir con los míos, me quedan muchas cosas por hacer. No puedo acabar e irme así, se lo ruego, déjeme más tiempo en el mundo, los míos sufrirían demasiado y yo..., soy joven. ¿Por qué tan pronto?”
La voz, tras unos segundos de silencio:
“-¿Piensas que soy la muerte? Tranquilo. Debes morir de todo para renacer a la vida. En ti existe demasiado dolor, veo luto en tus ojos y soledad en tu vida. Tu corazón está más deshilachado que esa vieja chaqueta con la que pretendes asirte al pasado. Te ahoga la bufanda, tu paso débil sobre la nieve, observando a los demás, muestra tu miseria, tu falta de amor hacia ti. Muere de todo esto y resucita. ¿Dónde quieres morir?
-Quiero morir en mi casa, a los pies de mi cama, donde empezó todo una mañana, y resucitar en La Antilla sobre la arena mojada ante un cielo azul inmenso.
-Trato hecho.
-Un momento -le dije a la voz que cada vez parecía sonar más lejos -, ¿eres Dios?
-¿Quién sabe? Piensa que soy tu mejor amigo, tu hermano, tu padre, tus sueños, tu música, tus versos, piensa que soy tú.”

jueves 2 de octubre de 2008

Muerto de amor


Por amar di la vida
muerto de amor soy luto
más negra es la flor que ansía
que la raíz inerte de sus frutos.

Me persigue el sembrado
-maldita tierra-
el cosechador asesino
avinagra el vino de mi paciencia.

Por matar mi soledad
entre visceras podridas
-viví segando-
tanto amor, amor...
me está matando.

Triana 2 de Octubre de 2008